radio, la televisión; y en cuanto colocamos una valla, un filtro a tanto decir, en cuanto nos sumergimos en la meditación, en el silencio interno, aparece la verdadera palabra; la Plena. Aquélla que surge desde el alma del observador íntimo, palabra valedera, pura, fuerte; palabra que conmociona, que entra, que cambia, que modifica al oyente.
Palabra que puede llevar al otro hacia una pregunta propia, y luego al discernimiento y más tarde, tal vez a la certeza. Al discernimiento entre la realidad y la ilusión, entre lo relevante y lo intrascendente, como aquellos pensamientos que en los momentos importantes dejan de existir, aquéllos que el tiempo desvanece. Los que pretendemos andar en el camino de regreso, debemos se más cautos en nuestros pensamientos, porque ya sabemos que ellos nos están creando.
Porque a medida que continuamos aprendiendo y experimentando también somos hacedores. Seguimos ejemplos y a la vez existen quienes siguen nuestras propias huellas. Hemos asumido un compromiso con nosotros mismos. Desde lo cotidiano de todos los días, desde lo que aparentemente es nimio; casi sin quererlo, estamos creando un campo de conciencia; estamos cambiando la energía y el espíritu del entorno.
Inconscientemente lo hacemos; ésto está ocurriendo ahora mismo. Aunque no nos demos cuenta. |